El bebe de la escuela



El bebe de la escuela



En las instituciones educativas suelen ocurrir algunos sucesos escalofriantes e inexplicables, tal es el caso de los sucedidos a un portero de una escuela de Valle Viejo, quien en horas de la siesta llegó al establecimiento para cumplir con sus tareas cotidianas, para que el turno de las dieciocho horas pudiera dar inicio a las clases con normalidad. 

  

Siempre se disponía con su escoba a repasar los pisos, levantar con su pala los papeles, capuchones de lapiceras, y cuantas cosas que dejaban los chicos en las aulas. Todas las que le tocaban limpiar eran del mismo tamaño y siempre estaban a la derecha del salón de actos, excepto una más improvisada por un machimbre, que se ubicaba al final del salón, detrás del escenario. 

  

Esta aula para él era algo especial, porque siempre tenía la impresión de que, cuando pasaba la escoba cerca del escritorio de los profesores, algo se movía en los últimos bancos. No podía percatarse qué era, pero con el rabillo del ojo podía ver que se cruzaba como una sombra o un bulto, con una forma no muy bien definida… 

  

Al comienzo pensó que se trataba de una ilusión óptica, un juego visual por la vislumbre, o tal vez por el mismo movimiento que realizaba al limpiar el aula, que le hacía percibía su propia sombra. 

  

Pasaron los días y la experiencia seguía, a tal punto que se familiarizó con ella. Siempre que barría adelante, ese bulto o sombra andaba por atrás. Pero lo raro era que, cuando llegaban los jóvenes estudiantes, ninguno de ellos hacía un comentario sobre el asunto, y las clases se desarrollaban de forma normal porque nadie veía nada extraño. 

  

Una noche, pasadas las veintitrés horas, cuando terminaban las actividades de esta escuela nocturna, el ordenanza comenzó apagando las luces de cada una de las aulas y de los sectores de los baños, mientras a la vez encendía las exteriores. 

  

Cuando vio que todos los alumnos ya estaban afuera y la directora se disponía a cerrar con su llave la puerta principal, escucharon con claridad el llanto de un bebé en la última aula. Con preocupación, la directora le dijo: "seguro que alguna de las chicas se olvidó su bebé en el cochecito… vaya rápido, pobre angelito debe estar con hambre". El hombre se apresuró para llegar hasta la habitación de donde provenía el llanto, pero al encender la luz cesó el llanto y el silencio ganó el lugar… Con su voz entrecortada le dijo a la directora: "señora, aquí no hay nadie! 

  

Se volvió apagando la luz, y al llegar a la puerta de salida se escuchó nuevamente el llanto que provenía del fondo… las miradas se cruzaron, el hombre ya no quería volver solo, por esa razón, tomando coraje, los dos se dirigieron hasta el aula del final, porque de allí provenía el llanto del bebé… Al llegar y encender la luz, todo quedo en silencio. Nada había dentro del aula. 

  

Esta experiencia tan particular ocurre de vez en cuando, justo en el momento de cerrar la puerta principal de esta escuela, y siempre que hay un nuevo portero, surge el llanto del bebé, pero nunca se lo pudo ver. 

 

 







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