La leyenda del anta en Misiones: un cuento guarani sobre la amistad y la magia



La leyenda del anta en Misiones: un cuento guarani sobre la amistad y la magia



Érase una vez, en la selva de Misiones, un hombre muy bueno y sabio que se llamaba Anta. Anta tenía el don de curar a las personas con las plantas medicinales que conocía, y era muy querido por su comunidad guaraní. Pero también había algunos que le tenían envidia y querían su poder. Uno de ellos era un brujo malvado que le odiaba y que un día le lanzó un hechizo para convertirlo en un animal y alejarlo de su gente. Anta sintió un dolor terrible y vio cómo su cuerpo se transformaba en el de un gran animal con una trompa y un pelaje gris. Era un anta, un animal parecido a un tapir. El brujo se rió de él y le dijo que así nunca más podría volver a su aldea ni curar a nadie. Anta se asustó y huyó al monte, donde se refugió entre la vegetación. Se sentía solo y triste, y lloraba por su destino. 

Pero Anta no perdió su bondad ni su sabiduría, y siguió ayudando a los que lo necesitaban. Se dice que el anta aparecía ante los enfermos o los perdidos en la selva, y les ofrecía su trompa para que bebiesen el agua que contenía, que tenía propiedades curativas. También les indicaba el camino de regreso o les protegía de los peligros. El anta era un animal sagrado para los guaraníes, que lo respetaban y lo veneraban como un ser mágico y benevolente. Algunos lo llamaban el “doctor del monte” o el “abuelo de la selva”. Y cuentan que un día, un niño muy valiente se acercó al anta y le dijo que no tuviera miedo, que él era su amigo y que quería ayudarlo a romper el hechizo. El anta se emocionó y le agradeció su gesto. El niño le dijo que tenía que buscar una planta muy especial que crecía en lo alto de un cerro, y que con ella podría volver a ser humano. El anta y el niño se pusieron en marcha, y después de muchas aventuras y dificultades, lograron encontrar la planta. El anta la masticó y sintió cómo su cuerpo volvía a cambiar. Se convirtió de nuevo en un hombre, y abrazó al niño con alegría. El niño le llevó a su aldea, donde todos lo recibieron con aplausos y fiesta. El brujo malvado fue expulsado y castigado, y Anta volvió a curar a las personas con sus plantas. Y así fue como el anta recuperó su forma humana y su felicidad, gracias al amor y la amistad de un niño. 

 







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