Vida despues de la vida



Vida despues de la vida



Informe de Maury Aguero 
 
 

 
  
 

  

Una mañana, Azucena, una señora de aproximadamente unos 94 años, se levantó pensando en el primer aniversario de la pérdida de su hijo. Y todo ese día lo pasó recordándolo. Desganada y sin ánimos, se acostó en la cama, aunque era una persona feliz, alegre y sin problemas físicos que le impidieran realizar tareas del hogar. 

Pasadas las ocho de la noche llamó a su hija, que estaba en un cuarto contiguo, y le dijo: “me vino a buscar, ya me tengo que ir, sabe m' hija… Ustedes cuídense, yo voy a estar bien”. Su hija, pensando que sólo era un sueño, se quedó a la par tomándole las manos y cantándole al oído, como a ella le gustaba, y su madre se volvió a dormir. Esa madrugada la señora dejó de existir. 

  

Testimonio de Mónica, sobre la muerte de su madre: “Estábamos todos reunidos en la habitación donde ella se encontraba alrededor de su cama, porque el médico nos había dicho que su problema pulmonar era fulminante... pasadas las diez de la noche ella despertó, nos miró a todos y, sin decir palabra, nos hizo la señal de la cruz en la frente y nos besó a todos los que estábamos ahí... luego hizo 3 veces una cruz en el aire y cerró los ojos lentamente y falleció…” 

  

Se puede mencionar el aporte de Alberto, en el siguiente relato: “La baba es un término italiano para referirse a la abuela. La baba tenía 106 años cuando el médico le comunicó a la familia que le quedaban horas de vida Esa mañana, junto a mi primo nos sacaron de la casa paterna y nos llevaron a la otra esquina, que es donde vivía mi tía. Hicimos un huequito en el suelo y nos pusimos a jugar a las bolillas, pero yo seguía pensando en la baba, así que me escapé y fui a casa. Cuando llegué, estaba mi abuela en la cama, descansando, y todos los hijos alrededor. Me quedé con las manos en la puerta de entrada, apoyado en el marco, y ella estaba quietita, cuando de repente le tomó la mano a una hija y dijo "filia, filia, mira la Madonna, mira la Madonna", mientras señalaba al techo, y falleció. Se refería Madonna a la Virgen Madre. En ese momento, toda la habitación se llenó de un perfume de rosa. 

  

Lo antes mencionado, está relacionado a los ECM (Encuentros Cercanos a la Muerte), una experiencia que los que están por fallecer comentan a sus más cercanos, con las últimas palabras lo que sucede. Pero también tenemos los casos de quienes por algún motivo no fallecen, pero nos cuentan situaciones similares. Hay muchos hechos, además de los mencionados: estar con cierta persona (hijo, hermano, esposa) antes de fallecer, o que se les acicalen los pies, seguramente para caminar mejor en el largo camino al recuerdo, también conforman los ECM. Se hicieron muchas investigaciones, experimentos, uno de ellos es el Dr. Raymond Moody, pero como en todos los episodios relacionados con la parapsicología, los científicos todavía no pueden descifrar el misterio. La sorpresa fue grande cuando todos estos estudios llegaron a la misma conclusión: los fenómenos encontrados cerca de una experiencia de muerte no pueden de ninguna manera ser atribuidos a una sobredosis de drogas, la mala atención médica, o de una disfunción cerebral.  
 
 

En los ECM existen los comúnmente llamados “la luz al final del túnel.” Para seguir con los relatos retomamos el de Alberto que, como cuenta en su libro “El puente”, el mismo autor estando internado por problemas cardíacos, en un sanatorio de la capital catamarqueña, no podía dormirse. En ese momento se acerca una enfermera que sin mediar palabra le aplicó un calmante sin la autorización del médico de cabecera. Al instante sintió un ardor muy fuerte en el brazo donde tenía el catéter, y así se lo hizo saber, recibiendo como respuesta: “quédese tranquilo, ya se le va a pasar.” No fue así, sintió un fuerte dolor en todo el cuerpo y gritó. Enseguida se acercaron un médico y las enfermeras de guardia, y lo último que logró escuchar de la mujer que le sostenía la máscara de oxígeno fue “doctora... no tiene más presión… se nos muere”. Al día siguiente, se despertó sin saber lo que había pasado, cuando un médico se acercó a preguntar: “¿Cómo le fue con el viajecito de anoche?... ¿Es cierto que allá arriba se ve una luz muy brillante?” No necesitó más para averiguar lo que había ocurrido, y sólo preguntó: “Doctor, ¿cuánto tiempo estuve muerto?" “Más o menos 20 o 30 segundos… pero logramos traerlo” ... El hombre le comentó: “para su desilusión, doctor, no vi ninguna luz en ese trance, pero me encontré envuelto en un silencio profundo y rodeado de un estado de paz increíble, como si estuviera flotando en una quietud indescriptible, por lo diáfana y tranquila..." 

  

Para ir concluyendo, lo que más me llamo la atención, es lo que le sucedió a Miguel. Un día como otro cualquiera llegaba al trabajo, con prisa y exceso de velocidad, para terminar un poco antes su turno de unas 12 horas. En eso que iba adelantando a un par de camiones al pasar por el lado, uno lo encerró incrustándolo contra un pilar de luz. Luego todo lo que relató es como si fuera un camarógrafo de una película, viendo el accidente como un espectador, por encima veía la camioneta destrozada, la gente mirando, un hombre tocándole el cuello y con un trapo tapándole una de las heridas, el conductor del camión llorando y diciendo “¡no lo vi, no lo vi!”, después  la ambulancia llegando, la guardia, incluso al policía que estaba como a unos 150 metros atrás, dirigiendo el tráfico y diciendo “circulen, que aquí no se les perdió nada, rápido, rápido, etc..” Miguel no sabe qué tiempo estuvo así, pero recuerda miles de detalles de esos momentos que, sin duda, estaría días contándolos. Lo siguiente que vivió fue una esfera de luz muy brillante, y su vida con todo lo bueno lo malo pasando como en una película, pero súper rápido. Vio a su abuela y le preguntó dónde estaba, pero ella (que ya estaba fallecida) sólo le decía una y otra vez: “vuelve, vuelve, no es tu momento Miguelito”, mientras se alejaba de él. El siguiente recuerdo fue despertando en el hospital después de 14 días. Estuvo cuatro minutos muerto y, según los médicos, tuvo mucha suerte de seguir vivo. 

  

El informe podría no tener fin, más aún si consideramos que muchas personas se dedicaron a escribir grandes cantidades de libros sobre estas experiencias, siendo el más famoso exponente en la Argentina el periodista Víctor Sueiro, quien más de una vez confesó haber visto la luz al final del túnel. 

 
 







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